Alexander Fleming

Alexander Fleming: El éxito que llegó de casualidad

Por: Mou D. Khamlichi
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Alexander Fleming, sin duda, es una de las personalidades más importantes para la ciencia médica moderna. Si bien, Robert Koch y Louis Pasteur lograron establecer las bases en cuanto a los orígenes microbianos de las enfermedades infecciosas; el hallazgo de Fleming, que derivó en la penicilina, marcó un antes y un después en la historia de la medicina.

La penicilina era capaz de destruir bacterias de enfermedades infecciosas que resultaban mortales, sin crear efectos perjudiciales en el organismo del paciente. En este artículo, conoceremos al médico y científico británico Alexander Fleming, el hombre que revolucionaría los procedimientos terapéuticos del siglo pasado hasta nuestros días. 

La penicilina de Alexander Fleming: El antibiótico que eclipsó a las armas nucleares

Sir Alexander Fleming, bacteriólogo escocés, llegó a decir en una ocasión: “Lo que realmente buscaba, era la capacidad natural del organismo para protegerse: Su inmunidad. No podría olvidarme de la gran importancia que tienen los anticuerpos en el organismo humano.”

A diferencia de las revolucionarias investigaciones que se estaban realizando en torno a la energía atómica; los avances en el campo de la medicina recibieron apoyo a nivel mundial.

En cierto punto, el poder apocalíptico de las armas nucleares se convirtió en una real amenaza que acabaría con la vida entera sobre la Tierra. En ese momento las denominadas “drogas milagrosas” prometían extender la subsistencia del hombre, mucho más que los increíbles pronósticos que pudiera hacer cualquier vidente.    

La aparición de la penicilina, el más grande descubrimiento logrado en el campo de la ciencia médica, desde la época de la “pasteurización”; se lo debemos a Fleming. Gracias a él, se dio con la fórmula para crear antibióticos, hormonas y sulfamidas que combaten exitosamente elementos patógenos malignos, algo que antes resultaba imposible.

Conociendo a Fleming

Alexander Fleming nació el 6 de agosto de 1881, y falleció el 11 de marzo de 1955, víctima de un infarto. Fue el tercero de cuatro hijos, del segundo matrimonio de Hugh Fleming, propietario de la granja Lochfield, en la pequeña ciudad de Darvel, Escocia.

Sus primeros años

El granjero Hugh quería que el pequeño Alexander siguiera trabajando las tierras de la familia Fleming. Algo que el futuro bacteriólogo también deseaba.

Quizás habría sido el mejor granjero, con el mejor rebaño de toda la región de Ayrshire”, señaló el científico escocés. Sin embargo, su destino se encontraba detrás de los microscopios.

A los 14 años, fue enviado a vivir con uno de sus hermanos, Thomas, que ejercía de médico general en el Marylebone Road, en Londres, Inglaterra. Sería Thomas quien animaría a Alexander a estudiar Medicina.

Su vida adulta

Con 20 años, Alexander obtendría una beca para estudiar Medicina en el St. Mary’s Hospital Medical School de Paddington. Allí, integraría el equipo del prominente bacteriólogo, Almoth Wright, con quien trabajaría durante toda su vida.  En su época de estudiante, ganaría todos los premios y becas en Higiene, Fisiología, Medicina, Patología, Farmacología y materias relacionadas.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, obligaría a Fleming a marcharse a Boulogne, Francia, como oficial del Cuerpo Médico del Ejército de Su Majestad. Junto a Wright, improvisaría un hospital en el casino de la ciudad para atender a los soldados heridos.

Tristemente, Fleming vería morir a hombres de heridas que podrían haber sanado. Observó cómo potentes antisépticos no podían contrarrestar a las bacterias, pudo sentir en carne propia el desaliento de las numerosas bajas que dejaba la guerra.

Finalmente, la guerra acabaría. Con 37 años de edad, regresa a Londres para dedicarse a estudiar la inmunización de enfermedades prevenibles por vacunación.

Estudios acerca de la lysozyme

Alexander Fleming había publicado una importante investigación referente a la patología experimental. En dicho estudio, resalta uno que llamó Observación de un notorio componente bacteriolítico (Lysozyme). Dicha materia, fue hallada en tejidos y secreciones usados y estudiados en numerosos experimentos.

La lysozyme era una sustancia bacteriolítica que ejercía una increíble influencia sobre algunos microbios, disolviéndolos velozmente. Este elemento sería el que daría origen a la penicilina.

Fleming y “el moho milagroso”

Fue en un día veraniego de 1928, cuando Fleming observó algo extraño en su laboratorio. En una de sus cápsulas de Petri, que poseía cultivos de bacterias estafilococos, se notaba la presencia de moho.

Cuenta la célebre leyenda que, la espora de la que germinaría el moho, fue transportada por el aire. Provenía de un barril de cerveza que se encontraba en una habitación cercana al laboratorio del científico.

Lo que captaría la atención de Fleming en esa cápsula (recordando sus estudios sobre la lysozyme) sería la parte que rodeaba el moho, sin estafilococos. Por lo que “algo” había eliminado las bacterias vivas. Fue cuando Fleming estudió la actividad del moho en el microscopio que dio con la solución:

Cuando vi que los microbios desaparecían, no tuve la menor duda de que había dado con una pista; con el fin de obtener un componente terapéutico más efectivo para neutralizar infecciones bacterianas en el organismo humano”, escribiría el bacteriólogo. Bautizaría dicho componente como penicilina, proveniente del moho Penicillium, muy conocido en el campo de la Botánica.      

Alexander Fleming penicillium

Fleming: Entre el mito y la realidad

El descubrimiento de la penicilina, por parte de Alexander Fleming,es una historia que se ha contado una y otra vez, a lo largo del tiempo, como una verdad absoluta. Sin embargo, uno de los investigadores que restó méritos a la “maravillosa historia” de Fleming, fue Robert G. Macfarlane, hematólogo británico.

En su libro, “Alexander Fleming: El hombre y el mito”, Macfarlane da una perspectiva revisionista del descubrimiento del científico escocés.

Él menciona una variedad de fuentes que hablan del empleo de moho para desinfectar heridas, desde épocas remotas. Mucho antes de aquel fenómeno que observó Fleming en la famosa cápsula de Petri, en 1928.

De hecho, el fisiólogo inglés, John S. Burdon-Sanderson, fue el primero en comprobar que los microbios no crecen cuando se exponen al hongo Penicillium. Hecho que ocurre en la década de 1870, sesenta años antes del descubrimiento de Fleming.

Precedentes a sus investigaciones

De acuerdo a lo citado anteriormente, Alexander Fleming no fue el primer científico en comprobar los efectos curativos del Penicillium.

Aunque podemos alegar que antes de Fleming, ninguno de los estudios precursores contribuyó a que se siguiera estudiando la aplicación del Penicillium en la Medicina; lo mismo podemos decir del “extracto de hongo” que se creó a partir del trabajo del bacteriólogo, que no resultó tan productivo por su inconsistencia. 

En años posteriores, serían John Tyndall, Joseph Lister, Louis Pasteur, entre otros científicos, los que investigarían y comprobarían los efectos curativos del famoso moho

Alexander Fleming penicillium

Alexander Fleming: Mérito a la constancia

Cuando el científico publicó su investigación en 1929, señaló que la penicilina “podría” usarse para tratar infecciones producidas por bacterias. Sin embargo, destacó que esta sería una opción válida para determinar cuáles microbios pueden resistirse a la presencia de penicilina y cuáles no.

Pero sería injusto rebajar la investigación de Fleming a una simple “casualidad”. Más bien, el trabajo del científico británico es un gran ejemplo de constancia. Fleming dedicó años de su vida a buscar componentes antibacterianos que pudieran minimizar los inconvenientes que presentaban los antisépticos existentes.

En estudios anteriores, pudo identificar la lysozyme, sustancia que encontró en las secreciones nasales de pacientes con gripe, las cuales impedían el desarrollo de microbios.

De hecho, sin el hallazgo de la penicilina, Fleming sería mucho más que una mera mención en la historia de la microbiología médica”; expresó Kevin Brown, curador del Laboratory Museum Alexander Fleming

De Fleming a Florey y Chain: Dejando atrás las casualidades

Al no haber alcanzado el éxito esperado, Alexander Fleming decidió detener las investigaciones en torno a la penicilina. Tuvieron que pasar 10 años para que un grupo de científicos del Lincoln College de Oxford, se enterara del trabajo de Fleming. Nuevamente la casualidad se haría presente.

Estos científicos, liderados por Howard Florey y el Ernst Boris Chain, se pondrían manos a la obra para retomar la investigación del bacteriólogo escocés. Comenzaría el procedimiento científico, dejando atrás la casualidad y las técnicas de la ciencia antigua, para trabajar en un medicamento que requería de los nuevos avances para poder desarrollarlo.    

El equipo de Oxford trabajaba eficazmente: La experiencia farmacológica de Florey, las habilidades de Chain en el campo de la bioquímica; junto a la destreza de mujeres de ciencia como Jane Orr-Ewing, Ethel Florey, Margareth Jennings fue fundamental. También de la patóloga Mary Barber, quien logró identificar las primeras bacterias resistentes a la penicilina.

Se dice que Fleming, al leer los primeros ensayos del trabajo del equipo de Oxford, contactó a Florey por teléfono para reunirse. Chain, al enterarse de la llamada del famoso bacteriólogo, exclamó: “¡Santo cielo! Pensé que estaba muerto”.

Purificar la penicilina: Un trabajo arduo y extenso  

El trabajo de investigación que realizó Alexander Fleming, estudiando las propiedades antibacterianas de la penicilina, finalmente vería sus frutos. En 1941, tras un largo y difícil proceso para purificar y producir la penicilina, el grupo de Oxford aplicaría la primera dosis a un paciente.

Se trataba del oficial del cuerpo policial de Oxford, Albert Alexander. Albert había sufrido un corte en el rostro que le produjo una infección. Su cabeza se hinchó tanto, que hubo que extirparle un ojo para aliviar el dolor. Tras haber recibido la dosis de penicilina, mostró signos de mejoría.

Lamentablemente, el grupo de científicos no contaba con la cantidad de penicilina necesaria para que se recuperara completamente. Por esa razón, Albert volvió a recaer por la infección, y falleció. 

La penicilina comienza a producirse de forma masiva

Fue de vital importancia el apoyo de los gobiernos de Gran Bretaña y EE.UU. para producir penicilina de forma masiva. Principalmente, para ayudar a sus soldados en la Segunda Guerra Mundial. A partir de ese momento, los agentes patógenos y enfermedades infecciosas serían eliminados, gracias a la acción de la penicilina.

En 1945, Sir Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Boris Chain recibieron el Premio Nobel de Medicina por su enorme contribución; quedando fuera el resto del equipo que trabajó en el proyecto de desarrollo de la penicilina. Fleming lanzaría una profecía ese día:

El hombre ignorante, al administrarse una dosis insuficiente de antibióticos, corre el riesgo de que las bacterias la resistan y pueda ser contraproducente para él.”

Millones de personas han fallecido por una mala medicación, permitiendo que bacterias y microorganismos tengan mayor resistencia a los antibióticos. La OMS ha reportado que más de 70 países han notificado casos de este tipo.  

Fleming y su aporte al mundo

A partir del hallazgo de Alexander Fleming, se produjeron otros hongos originarios de una gran variedad de terrenos distribuidos en el planeta. Mohos que permitieron que millones de personas se salvaran de una muerte segura por patologías infecciosas.

Esto daría lugar para que los antibióticos revolucionaran el mundo de la medicina contemporánea por completo.

  • El Dr. Selman A. Waksman, de la Rutgers University, generó un microorganismo que destruía bacterias; el cual se encontró en una muestra de tierra, procedente de New Jersey. Lo denominó estreptomicina.
  • El microbiólogo, Paul R. Burkholder, a partir de una muestra de suelo venezolano, extraería la cloromicetina. Gracias a ella, se pudo contener un brote epidémico de tifus en Latinoamérica. 
  • Benjamin Duggar, profesor retirado de Botánica, realizó la incubación de un hongo amarillento, que obtuvo de una zona fangosa de Missouri. Por su tono dorado, bautizaría con el nombre de aureomicina.
  • Una compañía que producía materiales químicos en Brooklyn, literalmente “desenterraría” la terramicina, desde un terreno descompuesto localizado en Indiana.
  • Gracias a los trabajos de Fleming en el campo de la bacteriología, se estudiaron y perfeccionaron los antibióticos, con el fin de disminuir su elevado poder. De esta manera, se evitaría la aparición de alergias y otras reacciones en algunos pacientes.

Su legado en el área quirúrgica

El mayor aporte que dejaría Fleming al campo médico, sería la erradicación de procedimientos quirúrgicos por infección en el hueso mastoideo, localizado detrás del oído. Antiguamente, esta operación causaba terror en padres e hijos en etapas de desarrollo. Con la aparición de los antibióticos, la temible infección de oído medio podía ser curada en cuestión de horas.

Por ejemplo, en casi una década, el número de pacientes que fueron operados por mastoiditis descendió notablemente, en un hospital infantil de Boston. De más de 300 pacientes que ingresaban anualmente, sólo se registraban 5 cirugías.

De igual manera, enfermedades como la apendicitis, la casi letal peritonitis, tularemia, fiebre puerperal y la meningitis quedarían en el pasado como las enfermedades más aterradoras que existían.

Otras actividades

Además de la bacteriología, Fleming también se destacó como un hábil pintor, dejando maravillosas pinturas que adornaban las paredes de las habitaciones de su hogar.

Su técnica consistía en realizar pinceladas sobre tela con un cultivo de microbios pigmentados. Al momento de hacer el trazo eran invisibles, pero luego se notaban colores de gran intensidad, sometiendo la tela a un proceso de incubación.

Fleming y sus reconocimientos

Alexander Fleming, en los últimos años de su vida, sería condecorado por sus grandes aportes al campo médico, recibiendo innumerables títulos. ¡Hasta un cráter de la luna y una planta tropical llevan su nombre! Entre dichos nombramientos podemos citar:

  • Recibe el título de Sir, de parte del rey George VI (1944)
  • Es nombrado caballero real por el mismo rey (1944)
  • Es premiado con el Nobel en Fisiología (1945)
  • Es ascendido a la rectoría de la Universidad de Edimburgo (1951)
  • Es nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias de la Ciudad del Vaticano
  • Miembro de la Fellow of Royal Society
  • Miembro del Colegio Real de Cirujanos de Inglaterra
  • Es nombrado por la prestigiosa revista Time, una de las cien personalidades más influyentes del Siglo XX (1999)
  • Recibe en España, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (1948)
  • Es condecorado con la Gran Cruz de la Legión Honorífica francesa.
  • Recibe la Medalla al Mérito del presidente estadounidense, Harry S. Truman
  • Es honrado con la Gran Cruz de la Orden del Fénix en Grecia
  • Un enorme cráter localizado en la cara oculta de la Luna, sería bautizado cráter Fleming
  • La planta tropical americana, Bromelia flemingii, debe su nombre al científico escocés

La curiosa historia que vincula a Churchill y Fleming, ¿es cierta?

En realidad, son dos leyendas que relacionan a Alexander Fleming con el célebre Primer Ministro. Británico, Winston Churchill. Una de ellas cuenta que un día, mientras Hugh Fleming, padre de Alexander, paseaba a sus ovejas, escuchó unos gritos. Al ver detrás de unos arbustos, vio al joven Churchill ahogarse en un pantano. Hugh tiró una soga y sacó al desafortunado chico.

Al día siguiente de lo ocurrido, un lujoso carruaje se detuvo en la granja de los Fleming. Era Lord Randolph Churchill, padre de Winston, quien quería ofrecerle una recompensa a Hugh por haber salvado a su hijo. El granjero rechazó el dinero, aunque Rudolph luego le propondría pagar la educación de Alexander, a lo que Hugh aceptó.

Otra leyenda narra que Churchill caería enfermo, a consecuencia de una pulmonía. Enfermedad que lograría contrarrestar el científico escocés, gracias a una inyección de penicilina. Sin embargo, la primera historia es falsa. Fue un cuento que inventó Fleming y lo narró a su amigo y colega belga, André Gratia.

La segunda historia tampoco es real. El también estadista y político británico, fue tratado por su propio grupo de médicos, quienes le suministraron sulfonamida. En esa época, el remedio sería desarrollado por la compañía May & Baker Ltd.

De hecho, Churchill sería entrevistado, ya finalizada la Segunda Guerra Mundial; señalando que el remedio que logró salvar su vida, fue “El notable M&B”.    

Referencias:

UNTERMEYER, Louis. Forjadores del Mundo Moderno Tomo 1875-1914. Biografías Gandesa. México, D.F. 1957.

www.bbvaopenmind.com/ciencia/biociencias/fleming-y-los-dificiles-comienzos-de-la-penicilina-mito-y-realidad/

www.biografiasyvidas.com/monografia/fleming/

https://enroquedeciencia.blogspot.com/2014/02/leyenda-de-fleming-y-churchill-1.html


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Mou D. Khamlichi

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