Comete un error

Qué hacer cuando tu hijo comete un error

Por: Mou D. Khamlichi
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Si tu hijo comete un error, ya sabes que eso forma parte del proceso de su crecimiento. A través de las experiencias y la exploración se moldea la personalidad y actitud; la perfección no existe, por eso, es necesario educar a los hijos sobre la imposibilidad de acertar siempre.

Durante la niñez el infante va descubriendo un mundo lleno de diversas posibilidades y desarrolla sus capacidades psicomotoras, entre otras. Es un proceso que requiere de una practica constante para la mejoría de habilidades y el dominio de las mismas. Es por lo tanto lógico pensar que en ese proceso de formación el niño va a cometer muchos errores. El ser humano debe aprender a desenvolverse en cada área de la vida paulatinamente.

Está demostrado en varios estudios que cuando los niños pequeños no reciben una orientación real desde una corta edad, su desarrollo se tergiversa; de modo que se complica su capacidad de adquirir las habilidades que corresponden a su edad.

Los progenitores están encargados de velar por el buen desarrollo del niño hasta llegar a la adultez. Mediante el empleo de una educación firme pero amorosa que les permita impartir conocimientos y el afecto necesario.

Los padres son una gran influencia en cuando a la formación de niños responsables, y esto va a reflejarse en cada momento de su vida, como sucede al cometer errores.

Comete un error

No insultar o recriminar

Cuando los niños llegan a cometer errores generalmente responden de dos maneras: lo ignoran y olvidan rápidamente o se sientan mal y decaídos. Sin importar el como actúa tras ese tipo de situaciones, no se debe recriminar porque perjudicará psicológicamente a los hijos.

Si el niño responde bien ante un error y se procede a regañarlo se dará a entender que esa es una actitud inadecuada y creará intolerancia ante las equivocaciones. Por eso, si es positivo al experimentar esos sucesos es recomendable reforzar su respuesta y orientarlos.

Por otro lado, al cometer errores y tener una actitud de desanimo, se debe evitar insultar o reprender. Porque eso reforzará ese comportamiento en el niño, motivando a que sea repetitivo y perjudicando su desarrollo.

Los momentos en que se cometen errores conducen usualmente a sentimientos de vergüenza, frustración y tristeza. Especialmente en los niños sucede con facilidad, lo que repercute en su autoestima y seguridad.

Un padre que se burla del niño, regaña o agrede por una equivocación debilita la percepción que tiene el pequeño de sí mismo. Este comportamiento repetitivo por parte del progenitor lleva al progresivo deterioro emocional de los hijos. Como consecuencia al cometer errores los niños se sentirán pocos valiosos, frustrados, con temor de decepcionar a los padres y retraídos para un próximo intento en la misma actividad u otra. Afecta su rendimiento en toda área de la vida porque pierden credibilidad en sí mismos.

De hecho, los niños que crecen bajo esas actitudes parentales suelen actuar de la misma manera; señalan cumplibles a sus progenitores e incluso a otras personas por cualquier error que cometan, aunque se trate de algo con poca relevancia. Ya que, aprenden a tomar como una conducta adecuada despreciar y señalar.

Si se quiere hacer una observación sobre los errores cometidos, la mejor forma es a través de las críticas constructivas. Plantear de forma respetuosa el desarrollo del evento, su mal resultado y aportar ideas sobre como solventarlo es una forma positiva de actuar ante ello.

Celebrar el intento

En una nueva experiencia hay valentía y superación porque es atreverse a salir de la zona de confort. Es un pensamiento que los padres deben transmitir al hijo cuando llega a cometer un error.

Ser capaz de intentar algo, aunque no sea un experto o se desconozca del tema es admirable. Si el niño desea probar una nueva actividad, los padres deben evitar mostrarse temerosos. En ocasiones, esas experiencias causan preocupación y sobreprotección. No obstante, a pesar del temor que pueda causar en los progenitores debe haber incentivación a intentar. No para ser el mejor en ello, sino dejar claro que permite crecer como persona y disfrutar de la vida.

Al cometer errores es normal sentirse decaído y es necesario que los hijos lo comprendan. Demostrar que hay orgullo por parte de los padres por su esfuerzo hará un cambio importante en la percepción de los niños.

Incentivar a seguir intentado

Una lección que los padres deben impartir a sus hijos es disfrutar del proceso. Usualmente, las personas se enfocan tanto en conseguir cierto resultado que no toman en consideración todo lo que realizaron para llegar a ese punto.

El tener ese enfoque solo conlleva a que el sentimiento de frustración sea cada vez mayor al cometer errores. Porque los hijos pensarán solo en las fallas y no en todos los aciertos del proceso. En la búsqueda de un objetivo hay pequeñas metas que son importantes notar.

El enseñar a disfrutar de todo lo que sucede en un proceso de aprendizaje refuerza la conducta positiva en el infante. Quizá no obtuvo la calificación más alta en su examen escolar, pero fue responsable, creativo y consiguió nuevos conocimientos.

El percibir esas pequeñas grandes metas alcanzadas es lo que hace la gran diferencia al cometer errores. Los progenitores deben enseñar a ver “el vaso medio lleno” para así formar una persona perseverante y exitosa.

Esto no quiere decir que deban negarse estos sentimientos “negativos”. Estar triste, decepcionado o frustrado es normal, pero debe tratarse de sensaciones pasajeras. Los padres deben enseñar que, aunque la vida no es perfecta ofrece un mundo de posibilidades para aprender poco a poco.

Los progenitores usualmente creen que su papel de orientador está sobreentendido, pero no es así. Siempre se debe resaltar a los hijos que están dispuestos a auxiliar y apoyar en su crecimiento. Mantener una comunicación asertiva con los niños es esencial para que se sientan valorados.

Comete un error

Orientar sobre el error cometido

La frustración y tristeza que acompaña muchas veces el cometer errores causa que no se razone sobre el tema. En ocasiones, simplemente existe la autocrítica y el abandono de la actividad realizada.

No obstante, los progenitores son un punto de apoyo en ese momento. Tienen una observación imparcial sobre la situación y pueden orientar al hijo para que trata de imitarle. Se debe recordar que errar forma parte del proceso de aprendizaje y conduce a mejorar.

Por lo tanto, es vital ayudar a los hijos a tener una nueva perspectiva de la situación que le permita aprender de ello; con suavidad se debe invitar a la calma, para sentarse a analizar lo sucedido con atención. Juntos pueden descifrar porque se desarrolló así el evento y que hizo que el resultado fuese negativo. Aunque, al principio puede ser difícil para el niño verlo de ese modo, con apoyo logrará hacerlo progresivamente.

Poco a poco los hijos aprenderán a realizar el ejercicio sin ayuda al cometer errores. Al contemplar una nueva perspectiva más objetiva sobre los sucesos ofrece nuevas oportunidades de crecimiento. De esa manera, al llegar a la adultez tendrán una mejor capacidad de resolución de conflictos.

Incentivar a tener autonomía y tomar decisiones es positivo para su desarrollo. Una buena forma de que adquieran responsabilidad, capacidad crítica y comprendan como se desencadenan las posibles consecuencias de una acción.

Aprendizaje sin sobreprotección

Es natural que los padres quieran lo mejor para sus hijos y muchas veces la ausencia de emociones consideradas negativas como la tristeza, es parte de ello. Un deseo tan fuerte que impide una buena formación de los niños, cayendo en la sobreprotección.

Aunque, parece una recomendación bastante obvia, son muchos los casos donde los progenitores adquieren esos métodos de crianza. Se cree que al cuidar minuciosamente cada detalle y acciones de los hijos se consigue su completa seguridad y felicidad.

La sobreprotección impide vivir experiencias nuevas, adquisición de conocimientos y exploración de habilidades. Porque cuando todo lo hace el progenitor, los hijos se ven limitados en su proceso de formación.

Al cometer errores se aprende de las acciones propias, que fue acertado y que no. Bajo esa metodología de educación sobreprotectora en ocasiones de deja intentar alguna nueva experiencia, pero ante la primera equivocación se interrumpe el proceso.

Los padres deben evitar corregir los errores de los hijos, porque sino la valiosa lección de la experiencia se pierde. Además, los niños se acostumbran a estar en la zona de confort porque saben que los padres actuarán por ellos.

No hay que temer demostrar amor y apoyo en cada momento. Tampoco se debe ser ajeno a esos momentos de frustración, pero sentir lástima por el niño es perjudicial. La orientación se trata de ayudar a comprender el problema ¿Qué sucedió? ¿Por qué se desarrolló así? ¿Qué haría la diferencia? ¿Qué aprendizaje se obtuvo de la experiencia? Son preguntas enriquecedoras.

Una vez que se ha logrado resolver la duda del porque se llegó a ese punto, el niño ha de seguir adelante por su cuenta. De esa manera, el cometer errores será una oportunidad de crecer y aprender y no una experiencia desagradable y traumática.

Lectura Recomendada: Cómo frenar la mentalidad victimista de su hijo


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