Urano

Urano: un planeta que esconde grandes misterios

Por: Javier García García
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Explorar Urano es conocer un mundo aparte extremadamente interesante. Pocos creerían algo así, pero, con solo saber que es un gigante gaseoso y seis veces más frío que el polo norte terrestre podemos conocer el motivo. Muchos creerían que, con un frío tan extremo, todo es tranquilidad y monotonía. Sin embargo, la realidad, es que este avasallador planeta esconde grandes misterios y sucesos.

En ese sentido, algo muy resaltante de este astro (séptimo planeta descubierto del sistema solar) es que es un colosal elemento que gira acostado sobre su eje rotatorio. Asimismo, posee un interior líquido con presión y profundidad increíblemente mayores a las del océano pacífico. Sin embargo, lo que más predomina en Urano es su viento que se mueve a unos 900 km por hora.

Por otro lado, para mantener la norma, Urano, como todos sus planetas hermanos, lleva el nombre de un dios. Aunque para la mitología griega es el nombre de un titán primordial que personificaba los cielos. Por lo que todos aquellos que profundicen sobre la historia del planeta, podrán notar que sí guarda grandes similitudes con las características del mencionado titán mitológico.

Es tanta la complejidad y particularidad de Urano, que, aunque fue observado en múltiples ocasiones, en ninguna se le tomó como un planeta. Probablemente los astrónomos se guiaban por las características básicas de los otros planetas. Por eso, mientras este se encontraba allí, los astrónomos simplemente pasaban sin prestarle atención, pensando que era un cometa o tal vez una estrella distante.

De esta manera, Urano, que pasó 65 años como el último planeta del sistema solar, reúne de manera muy aplicada cualidades interesantes. Entre estas, el mérito de ser el primer planeta encontrado mediante el uso del telescopio. Asimismo, fue gracias a Urano que se alcanzó a descubrir a Neptuno y luego a Plutón; dadas las perturbaciones que se observaban de su órbita en torno al sol.

Urano

Urano y su real aparición en la astronomía

Un aspecto bastante curioso que antecedió al descubrimiento de Urano, es precisamente que ya había sido descubierto. Esto se debe a que, por diferentes razones, los observadores lo asumían como una estrella o parecido a un cometa; pasaron años para que su principal descubridor, con ayuda de otros astrónomos, afinara la vista, y lo reconociera como lo que era en realidad.

En ese sentido, se describe a continuación, la evidencia de la aparición de Urano, aunque no por eso, dejó de mostrarse y aparecerse en las diferentes observaciones; durante un período de tiempo conocido como la era de los predescubrimientos:

  • 1612. El gran Galileo hace la primera observación del futuro séptimo planeta, cuando este hacía conjunción con Júpiter. Galileo consideró en ese momento que se trataba de un satélite jupiteriano.
  • 1690. El astrónomo John Flamsteed lo observa en no menos de 6 oportunidades, y lo cataloga bajo el nombre de «34 Tauri».
  • 1750 al 1769. Pierre le Monnier, astrónomo francés, llegó a observarlo por 12va. vez, incluyendo 4 noches seguidas.
  • 1738. John Bevis, astrónomo inglés, llegó a observar y dibujar a Urano como si fuese una estrella. Esto lo anotó en tres ocasiones diferentes, en el atlas de su autoría, muy curiosamente llamado Uranographia Britannica.

Los últimos intentos

Luego de ese interesante período, en el que abundaban los predescubrimientos astronómicos, pasarían todavía 43 años, cuando William Herschel, volvería a observar a Urano. El 13 de marzo del año 1781, mientras observaba el cielo desde su jardín, Herschel documentó que el astro avistado era un cometa.

En aquella observación, Herschel probaba un telescopio que había diseñado, para observar el «paralaje de estrellas fijas». De su observación de Urano, escribió en un diario, una descripción que dejaba claro que el planeta le parecía un cometa o una estrella nebulosa; incluso afirmó días después, en otra observación, que en realidad era un cometa porque había cambiado de lugar.

Sin embargo, Herschel parecía sospechar que el aparente cometa, era en realidad un planeta; y así lo comunicó ante la Royal Society. Igualmente, decidió comunicar su descubrimiento al observatorio de Greenwich y más específicamente a su director, el astrónomo Nevil Maskelyne; quien, mostrando interés en el hallazgo, respondió diciendo que sí podía tratarse de un planeta regular.

El desenlace

Mientras pasaba el tiempo y seguía la prudencia de Herschel de describir al nuevo astro como planeta, entraron en escena otros astrónomos. Uno de ellos fue Anders Lexell (ruso), quien estimó la distancia desde el Sol hasta el astro en cuestión, en 18 veces la de la Tierra con el astro rey.

Por su parte, el alemán Johan Bode, describió que la «estrella móvil» observada por Herschel, pudiera tratarse de un planeta no conocido hasta la fecha; que circula más allá de la posición de Saturno. Incluso afirmó, que la órbita del nuevo astro, era también más parecida a la órbita de un planeta, que a la de un cometa.

En ese sentido, dadas las evidencias, el mundo astronómico comienza a hablar sobre la posibilidad de que el nuevo astro fuera un planeta. Por esa razón, el mismo Herschel, se sitió conminado y apoyado para decidir de una vez por todas que sí logró descubrir un nuevo planeta; y así lo hizo constar formalmente ante la Royal Society.

De este modo, finalizaba la búsqueda no solo de Herschel, sino también de otros astrónomos. Igualmente descansaba Urano, que después de tantos intentos, ahora sí era reconocido oficialmente por los humanos, como el séptimo planeta primario del sistema solar, eso no es cualquier cosa. Ya que, además, como se ha mencionado, pasaron 65 años antes de que se descubriera otro planeta.

El final de esta historia fue gratificante para Herschel, pues cambió su vida para siempre. Esto se debe a que el Rey de Inglaterra, Jorge III, se convirtió en un gran admirador y patrocinador de sus investigaciones. Es por esto, que no solo le otorga la acostumbrada distinción de caballero, sino también un sueldo que mejoró sus condiciones y las de su familia.

Urano se llamó «la estrella de Jorge»

Muchas controversias suelen presentarse en el medio astronómico, y más allá de este, para ponerle nombre a los astros descubiertos; Urano no sería la excepción. En ese sentido, según la tradición, el director del observatorio de Greenwich da a Sir William Herschel la prerrogativa de dar nombre al astro; por ser él quien lo descubre.

Por esa razón, Herschel manifiesta el deseo de llamar al nuevo astro Georgium Sidus o «Estrella de Jorge», para honrar al Rey Jorge III. Además, Herschel fundamentaba ese apelativo, en que ya habían pasado las épocas antiguas donde se empleaban nombres de divinidades; y que en la época actual imperaba decantarse por una fundamentación más filosófica para la tarea.

De esa manera, Herschel apostaba por colocar al nuevo astro, un nombre que evocara la época y el reinado bajo el cual fue descubierto; de allí que se decidiera por el ya mencionado, «Estrella de Jorge». Sin embargo, surgió la polémica, no solo porque rompía con la tradición, sino también porque la comunidad científica consideró que el nombre era «excesivamente inglés».

Venció la mitología

Figurativamente, Urano parecía avisar tras bastidores, que prefería otro nombre. Por otro lado, llegaban desde Francia noticias del astrónomo Lalande, que proponía llamar al planeta «Herschel», como su descubridor. Otra propuesta, venida de Erik Prosperin, un astrónomo sueco, fue el nombre «Neptuno»; muy secundada por algunos colegas, pero también referida a honores británicos.

El punto final lo puso Johann Bode, al proponer un nombre basado en la lógica y relacionado con el anterior planeta encontrado. Dicho planeta fue Saturno (Cronos), y fue nombrado así por ser el padre de Júpiter (Zeus), el nombre dado al planeta que lo antecedió. Por eso, Bode propuso que el próximo planeta, en concordancia, debería llamarse Urano, como el padre de Saturno.

De esta manera, quedaría definido para la comunidad científica, el nombre del séptimo y nuevo planeta del sistema solar. Aun así, la realísima Oficina de Almanaque Náutico de Su Majestad, mantuvo el nombre inglés Georgium Sidus, hasta 1850, presumiblemente por no desairar al monarca.

Urano

Medidas básicas de Urano

Para tener una idea general de cómo es Urano, basta imaginarse una inmensa esfera color celeste; que esconde detrás de un interminable manto gaseoso, un mundo interior intrigante y desconocido. Aun así, hay mucha información conocida, a raíz de diversos estudios y observaciones, siendo los siguientes, los datos referentes a sus medidas:

  • Masa: La masa de este coloso es de alrededor catorce veces y media la de la Tierra, lo que es igual a 8,68 x 1025 kg.
  • Volumen: Es de unas 63 veces el terrestre, lo que equivale a 6,83 x 1013 km.
  • Radio: Esta medida de longitud, es cuatro veces mayor a la de la Tierra, lo que sería un total de 25,36 km.
  • Distancia: Se hace referencia aquí a la distancia desde el Sol hasta Urano, que es de 2 mil 900 millones de kilómetros. Esto es casi 20 veces la distancia entre la Tierra y el Sol, también conocida como unidad astronómica (UA).
  • Temperatura: Las temperaturas superficiales en Urano, van de -214 °C la máxima, hasta unos -205 °C la mínima. En su sistema nuboso puede alcanzar los 218 grados bajo cero.

Además de las medidas básicas mencionadas, existe muchísima más información que se ha logrado obtener sobre Urano. Esto se debe, no solamente a las observaciones y cálculos astronómicos sino a las obtenidas o complementadas más recientemente, gracias a los programas espaciales.

Formación

Según diversos estudios, existen grandes diferencias entre los gigantes gaseosos que son Júpiter y Saturno, y los gigantes helados que son Urano y Neptuno. Asimismo, se cree según las investigaciones, que dichas diferencias vienen desde la formación de estos astros.

En ese sentido, los investigadores asumen, que el sistema solar fue formado a partir de una enorme esfera gaseosa que giraba en el espacio; a la que llamaron «nebulosa presolar». De esta manera, se considera también que la mayor parte de los gases de esta nebulosa, principalmente hidrógeno y helio, formaron al Sol.

Asimismo, consideraron los investigadores que las partículas de polvo restantes de la conformación solar, se unieron para formar los llamados protoplanetas. En consecuencia, algunos de estos planetas nacientes, agregaron suficiente materia mientras crecían, y una gravedad capaz de capturar esos gases remanentes de esta nebulosa presolar.

En ese sentido, mientras más gases acumulaban, más crecían dichos planetas, iniciando una sucesión de crecimiento y acumulación de gas; que alcanzaría un punto crítico de crecimiento exponencial. Sin embargo, según esta hipótesis, solo Saturno y Júpiter alcanzaron dicho punto crítico, quedando rezagados los gigantes helados, Urano y Neptuno.

La razón aparente por la que los gigantes helados no alcanzaran a conformarse como Saturno y Júpiter, pudiera estar en que no reunieron la suficiente masa terrestre. Asimismo, los investigadores creen que Urano y Neptuno se formaron más cercanos al Sol, y durante millones de años se desplazaron a sus actuales ubicaciones.

Órbita y rotación

A primera vista, el rasgo más extraño de Urano es su enorme inclinación (97,77 grados) de su ecuador o eje de rotación; formando un ángulo casi recto con respecto a su órbita. Por otro lado, este gigante gaseoso, realiza su viaje alrededor del Sol, de este a oeste, lo que se conoce como órbita retrógrada; una cualidad que comparte únicamente con el planeta Venus.

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Por qué la órbita lateral y qué implicaciones tiene

La principal teoría que surgió en el mundo científico, es que la órbita inclinada de Urano, se debía a una colisión. Esta teoría establece que luego de su formación, hace 4500 millones de años, pudo haber colisionado con un astro de tamaño regular. Sin embargo, para otros científicos los cálculos matemáticos no apoyaban dicha teoría.

En ese sentido, alegaban que es bastante improbable el escenario planteado. Lo fundamentaban además en que el astro debía ser un cuerpo lo suficientemente grande, y viajar a gran velocidad para provocar la actual inclinación; aunque eso no sería lo único que causaría una colisión de esas características; el desastre hubiese sido total. En otras palabras, se pudiera decir que no existiría el planeta.

Después de un tiempo y otros estudios, surgió una nueva hipótesis, que consiste en asociar la inclinación con el empuje gravitacional de los gigantescos vecinos de Urano. Esta hipótesis refiere una dinámica interacción gravitatoria con Saturno, Neptuno y Júpiter, que ocasionaba unos efectos mutuos, menos sutiles de lo que se creía; esto terminaría provocando la particular inclinación de Urano.

Repercusiones de la inclinación

Para entender las repercusiones, que una inclinación como la ya mencionada causa en el propio Urano, se puede proyectar lo que ocasionaría algo así a la Tierra. En ese sentido, si la Tierra estuviera así de inclinada sobre su eje; las selvas ecuatoriales se congelarían en verano y los casquetes polares se evaporarían, transformando los polos en un paraíso tropical.

Un ejemplo como el anterior, sirve para comprender que nada bueno puede causar ni en Urano, ni en ningún otro planeta, una inclinación tan pronunciada. Precisamente, es por la ligera inclinación terrestre que se producen las diferentes alteraciones atmosféricas que dan paso a las estaciones; que ocurren en intervalos de tiempo que se distribuyen en un mismo año.

Sin lugar a dudas, la inclinación del eje de Urano, que obviamente es muchísimo mayor a la de la Tierra, ocasiona efectos atmosféricos bastante particulares y unas estaciones climáticas casi perennes.

Atmósfera

Urano es casi como un gemelo de Neptuno, y ambos son conocidos como los gigantes de hielo por su helada atmósfera exterior de -215 °C. Dicha atmósfera, está formada en sus capas superiores, de cristales de metano congelados, mezclados con mayores proporciones de hidrógeno molecular (80%) y helio (19%); ingresar al planeta, sería como sumergirse en un mar denso y verde.

Precisamente, dicho color verde, es causado por el exceso de gas metano en la atmósfera uraniana. Este contenido de metano, ocasiona un efecto lumínico, consistente en que las nubes, al recibir la luz solar, absorben el espectro rojo de esta; proyectando en consecuencia el conocido color verde azulado o celeste, característico del planeta.

Más hacia el interior del planeta, ocurre algo bastante extraño; el ambiente se va haciendo más espeso y cálido. En este punto, la temperatura podría alcanzar miles de grados, que se debe según los estudios, al calor residual de la formación de este astro. Asimismo, ocurren en esos mismos niveles, una lógica, pero asombrosa transformación de gases en líquidos, debido a las altas presiones.

De esta manera, en el paso de la capa gaseosa a la capa líquida de Urano, aumentan factores como la presión y la densidad; formando literalmente un mar, dos mil veces más profundo que el océano pacífico. Este mar, presenta asombrosas temperaturas de más de 2300 °C, que por esto y por la elevada presión, haría imposible el ingreso de una sonda; se evaporaría en segundos.

Por otro lado, los vientos en Urano, que pueden alcanzar hasta los 900 km/h, soplan en el ecuador de manera contraria a la rotación. Mientras que, los vientos de los polos circulan en el mismo sentido de dicha rotación.

Campo magnético

Siguiendo la idea figurativa de inmersión en el enorme mar uraniano, se revela en las inmediaciones de este algo asombroso. Esto ocurre, ya que el campo magnético de Urano surge en un tramo superior, al punto medio del radio del planeta y no en el núcleo del astro. Descubrir esto, es tan impresionante como la duda que surge en consecuencia, sobre si Urano posee realmente un núcleo.

De esta manera, el inusual campo magnético uraniano, produce un eje magnético con un nivel de inclinación de 59 grados, respecto del eje rotacional del planeta. Asimismo, el dipolo magnético se ubica más hacia el polo sur de rotación, en aproximadamente la tercera parte del radio de Urano. En otras palabras, el campo magnético no es equivalente en los polos, como en la Tierra.

Magnetósfera

A pesar de la particular alineación del planeta, la magnetósfera de Urano sí guarda semejanzas con la de los demás planetas en los siguientes aspectos:

  • Límite exterior ubicado a unos 23 radios.
  • Magnetopausa situada a 18 radios.
  • Magnetocola totalmente desarrollada.
  • Posee cinturones de radiación.

Otro aspecto resaltante del campo magnético uraniano, es que, en sentido global, la magnetósfera difiere estructuralmente con la de Júpiter; guardando más semejanzas con la de Saturno. Además, la cola magnetosférica de este astro, persigue al planeta en su recorrido por el espacio, extendiéndose por millones de kilómetros.

En sumatoria, todos estos factores, en especial el desequilibrio del campo magnético, causan efectos como la no alineación de las auroras boreales con los polos; lo que además genera que estas no influyan mucho en la energía de la atmósfera del planeta.

Por otra parte, Urano posee un muy alto flujo de partículas cargadas de protones, electrones y iones; lo que causa el oscurecimiento o erosión de las superficies de este astro, de manera muy acelerada, hablando en términos astronómicos. Se cree que esto ha repercutido en la coloración normalmente opaca de los satélites y los anillos cercanos al planeta.

Clima

Según los estudios de las longitudes de ondas visibles y longitudes de ondas ultravioletas, la atmósfera uraniana es considerablemente llana; al compararla con la de los demás gigantes gaseosos; incluyendo también a Neptuno; aun cuando se considere que son casi mellizos. Asimismo, este astro posee en total, solo diez tipos de conformaciones nubosas en toda su inmensidad.

Esta poca variedad de nubes en Urano, se cree que está provocada por el nivel tan bajo de temperatura interna de este planeta. Esto se refleja en las temperaturas tan bajas a nivel de la tropopausa de -227 grados centígrados; aspecto que, sin duda, lo convierte en el planeta más gélido del sistema solar, más que Neptuno, que está más apartado del Sol.

Variaciones estacionales

A ciencia cierta, no ha sido posible definir períodos estacionarios en este planeta, así como las establecidas en la Tierra, que hasta se pueden predecir. Esto se debe principalmente, a que el tiempo que se lleva, recibiendo datos atmosféricos relevantes del planeta, es menor a 84 años; y precisamente ese tiempo es el que tarda el planeta en dar un giro completo alrededor del Sol

En ese sentido, al no haberse observado el comportamiento del clima durante un año y por varios años seguidos, es imposible predecir siquiera las estaciones; para esto se necesitarían al menos unos 253 años terrestres. Sin embargo, se han hecho importantes descubrimientos que permiten formular algunas hipótesis sobre las fluctuaciones climáticas de este coloso azul celeste.

Es por esto, que se puede referir el éxito obtenido con los estudios de fotometría realizados a Urano, desde los años cincuenta; lo que vendría siendo un lapso de tiempo cercano a la mitad de un año de este astro. En ese orden de ideas, los estudios fotométricos, permiten definir variaciones del nivel de brillo en 2 bandas espectrales.

Dichas variaciones, presentan unos máximos en el período referente a los solsticios, y unos mínimos en los períodos equinocciales. De esta manera, se procedió a comparar las mediciones fotométricas, con las realizadas con en base a microondas en los años sesenta, hechas al mismo Urano.

Estas microondas, fueron medidas en el punto más profundo de la tropósfera y arrojaron variaciones similares a las medidas en la década de los cincuenta. Igual similitud se pudo observar en las mediciones de temperatura estratosférica, realizada en los años setenta; siempre las mediciones máximas en los solsticios y las mínimas en los equinoccios.

¿Existen estaciones en Urano?

Todas las mediciones mencionadas, permiten creer a los investigadores, que sí se desarrollan unos cambios estacionales físicos y periódicos en Urano. Sin embargo, estas supuestas estaciones, no compaginan con su polo sur tan brillante, mientras que su polo norte tiene mucho menor brillo.

De esta manera, se toman también los datos del solsticio septentrional observado en el año 1944, cuando Urano mostró niveles altos de claridad; algo que, según los expertos, da cuenta de un polo norte menos oscuro de lo que se pensaba. En ese sentido, determinaron que las partículas de polvo más visibles ganan claridad en la antesala del solsticio y oscurecen al terminar los equinoccios.

En ese orden de ideas, todos los estudios y mediciones, permiten establecer que los cambios físicos, siguen siendo variables. Esto se basa en otras observaciones, como, por ejemplo, que cerca de cada solsticio de verano y de invierno, los hemisferios se alternan; quedando uno completamente frente al Sol y el otro de frente al espacio profundo.

Asimismo, se cree que la mayor claridad del hemisferio enfrentado al Sol, se debe a una mayor densidad de las nubes que se componen de metano (CH4); y también de las capas de neblina que se sitúan al nivel de la tropósfera. Por otro lado, se cree que los cambios en la parte sur, ocurren por las variaciones de las capas nubosas inferiores.

En definitiva, son muchas las mediciones realizadas en un período cercano a nueve décadas. Esto se sustenta, con los datos de la sonda Voyager 2 y las observaciones del telescopio espacial Hubble, y de otros telescopios terrestres. No cabe duda, que en todo este tiempo es enorme el material recolectado; aun así, es muy pronto para dar un veredicto respecto a las estaciones en Urano.

El mayor atractivo de Urano

Hablando alegóricamente, si el planeta Urano fuese un parque turístico, es poco probable que alguien se interese por los recorridos internos; dados los fuertes vientos, además de las presiones tan elevadas. De esta manera, no cabe la menor duda, que los mayores atractivos que se encuentran en Urano, se centrarían en sus 13 misteriosos anillos y sus impactantes 27 lunas.

Los misteriosos 13 Anillos

Los intrigantes y misteriosos 13 anillos uranianos son, además de muy delgados y más tenues y opacos que los que tiene Saturno, muy cercanos entre sí. Además, uno de los aspectos más destacables de estos discos, es su opacidad y que son los segundos descubiertos en este sistema solar; los primeros fueron los anillos de Saturno.

Asimismo, se cree que estos anillos, no acompañan al planeta desde las épocas de su formación, sino en tiempos astronómicamente más recientes. En consecuencia, la teoría más apoyada, relata que estos anillos se formaron con fragmentos de satélites, destruidos al ser impactados en el pasado por cometas u otros astros.

Precisamente la composición de estos anillos uranianos, es bastante interesante, en gran medida porque algunas de sus partículas, llegan a tener unos veinte metros de diámetro; y que estas, en contraste con las minúsculas partículas de hielo que forman los anillos de Saturno, están compuestas también de polvo y escombros.

Los anillos y su historia

Las primeras observaciones sobre estos anillos del planeta Urano, las realiza en 1789 William Herschel, quien había descubierto el planeta, ocho años atrás. Este, con su acostumbrado conservadurismo, solo relató que sospechaba que existía un disco o anillo; aun así, deja bien documentada esta observación.

En dicha documentación, Herschel describe tanto el tamaño como el color del hipotético anillo, y también el ángulo en relación con la Tierra; además de las variaciones aparentes de estos discos, durante el desplazamiento de Urano en torno al Sol. Aun así, el crédito del descubrimiento se atribuye oficialmente, a los astrónomos Dunhan, Mink y Elliot, en el año 1977.

Se cree, además, que el hallazgo de estos tres astrónomos, o comprobación de que existían los primeros anillos, ocurrió de manera fortuita. Esto ocurrió, mientras estos científicos trabajaban en el Kuiper Airbone Observatory, al fijarse que una estrella desaparecía cuando pasaba por Urano.

Esta desaparición de la estrella mencionada, la vieron ocurrir en cinco oportunidades, antes y después que pasara detrás del planeta. En tal sentido, estos astrónomos dictaminaron como única razón, la presencia de cinco anillos muy finos que rodeaban a Urano.

Nueve anillos más

Luego de descubiertos los primeros 5 anillos, pasaron exactamente nueve años sin que se lograran avistar otros más. De esta manera, fue en 1986 cuando gracias al programa de sondas espaciales de la NASA, lograron conseguir cuatro anillos más. Con estos nuevos anillos, se tenían en total nueve, para celebrar los nueve años de investigaciones.

El descubrimiento de este nuevo grupo de 4 anillos de Urano, se hace más específicamente bajo la misión Voyager 2. Pero, además, con un poco más de evaluación y ajustes de las mediciones y las lentes de la sonda, lograron descubrir dos anillos más. Esto fue algo bastante impactante, no solo desde el punto de vista científico, sino también una prueba del avance tecnológico.

Después de los anillos descubiertos por la Voyager 2, de los que casi se les escapaban dos por lo tenue que eran, pasaron nueve años; pero Urano seguía bajo observación. En el 2005 hubo noticias, con la entrada en escena del Telescopio Hubble, se detectaron otros dos anillos. Lo particular de estos dos nuevos aros siderales descubiertos, es lo distantes que estaban.

En ese sentido, con el Hubble pudieron establecer que la distancia de estos dos nuevos anillos era tanta, que fueron llamados «sistemas de anillos exteriores».

Igualmente, con este mismo telescopio espacial, descubrieron algo muy particular, relacionado con uno de los dos nuevos satélites encontrados en la misma observación; este compartía su órbita con el mayor de los anillos recién descubiertos.

Anillos a color

Luego de los descubrimientos del 2005, pasó casi un año, hasta que, en abril del 2006, las nuevas tecnologías volvieron a intervenir. En este caso, los investigadores emplearon los telescopios del Observatorio Keck, de Hawai, para ver por vez primera, los anillos de Urano a color; más específicamente, de los anillos exteriores.

En ese sentido, notaron que el anillo más distante al planeta, presentaba un intenso color azul, mientras que el otro aro mostraba un tenue color rojizo. Referente al color azul del gran anillo, los investigadores determinaron que estaba relacionado, con las partículas de hielo de agua, de la capa superficial del satélite acompañante; tan minúsculas que permitían reflejar la luz azul.

Asimismo, las observaciones permitieron descubrir otra cosa curiosa. Esto se debía a que, a pesar de los colores relativamente intensos de los dos anillos exteriores, los anillos interiores en contraste, eran grises y opacos.

27 lunas: la máxima atracción de Urano

Las lunas conocidas del planeta Urano, son hasta el momento 27 en total. De estas, las llamadas lunas interiores, se componen casi a mitad, de roca y de agua congelada. En cuanto a las lunas exteriores, se desconoce su composición, pero los investigadores estiman que en realidad son asteroides capturados por la gravedad del planeta.

De esta manera, según lo que se ha podido investigar hasta el momento, solo se conocen los detalles de las cinco lunas principales de Urano. Estas son:

Titania

Esta luna o satélite natural llamado Titania, es el más masivo del planeta. Se compone en un 50 % de hielo, 30 % de silicatos y un 20 % restante, lo conforman variados compuestos del metano. Por otro lado, la geología de Titania las abandera su inmenso cañón, que presenta dimensiones muy superiores a las del Gran Cañón de Estados Unidos.

Oberón

De entre los grandes satélites de Urano, Oberón es el más lejano al planeta. Un 50 % de su composición es hielo de agua, el 30 % son silicatos y el restante 20% están compuestos de carbono, hidrógeno y metano.

Por otra parte, Oberón posee entre sus rasgos geológicos, una superficie profusamente cubierta de cráteres. Asimismo, la actividad geológica interna de esta luna es muy baja, a excepción de un material desconocido que rellena a muchos de los cráteres.

Umbriel

Esta es la tercera luna o satélite de Urano, en cuanto a tamaño y también es el más opaco. Se cree que esta luna se formó a partir del impacto de dos astros helados, ocurrido en un tiempo cercano a la formación del planeta. Por esto, un poco más de la mitad de este satélite es agua helada y un 20 % es CH4 o hielo de metano.

Asimismo, en cuanto a la superficie de Umbriel, se puede decir que su rasgo geológico más característico, es un cráter llamado Wunda; con borde de 140 km de diámetro, y una superficie marcada por unos atractivos materiales brillantes. Este cráter se encuentra, además, muy cercano a la línea ecuatorial de esta luna.

Ariel

Ubicada en el cuarto lugar en cuanto a su tamaño, esta luna llamada Ariel, tiene una composición similar a las demás. Esto es, la mitad aproximada de agua helada, silicatos en un 30% y el resto de metano (CH4). Asimismo, algo muy curioso de esta luna es que prácticamente no presenta cráteres por impactos de cometas u otros astros.

Igualmente, es muy particular su profusa actividad geológica, abanderada por una compleja red de cañones y meandros de derrames de agua en su superficie. Esto último, permite determinar que, en un pasado reciente, estas zonas de derrames, fueron superficies heladas o glaciares.

Miranda

Este satélite natural, si se tratara de un parque turístico, como ya se ha mencionado, sería el atractivo número uno en turismo extremo. La composición de Miranda no es muy diferente a la del resto, básicamente contiene los mismos materiales. Aun así, eso no le impide desbordar a las otras lunas en cuanto a su intensa actividad geológica.

En ese sentido, la superficie de este satélite natural de Urano, vista desde el espacio, es como una pista de varios canales. Estos canales, son en realidad gigantes cañones que llegan hasta los 20 km de profundidad, bordeados de algunas montañas que alcanzan los 24 km.

Además, Miranda posee unos valles majestuosos de unos 16 km de profundidad, que refleja haber tenido en el pasado, una geología visiblemente caótica e intensa. Las principales hipótesis sobre las características geológicas de esta luna, se basan, una, en la gravedad de Urano.

Mientras tanto, la otra hipótesis apunta a que esta luna sufrió un fuerte impacto, de un objeto macizo, hace miles de millones de años. Dicho impacto desarmó literalmente a Miranda, pero luego sus piezas se volvieron a unir, convirtiéndola en un impresionante puzzle espacial.

William Shakespeare y nombre de las lunas

Las lunas del gigante Urano, tienen la particularidad de no haber recibido nombres inspirados en las mitologías, como casi todos los astros. Esta escena inicia, cuando Herschel, el descubridor de Urano, descubre en 1787 las primeras lunas (Titania y Oberón), pero no les pone nombre. Deliberado o no, esta tarea recae en su hijo Juan Herschel, cuando en 1851 descubre otras dos lunas.

En ese sentido, Juan Herschel decide nombrar, no solamente a las lunas que recién descubría, sino también a las descubiertas por su padre. Para dicho nombramiento, según quedó reflejado, Juan Herschel se decantó por personajes de una novela de William Shakespeare, titulada «Sueño de una noche de verano».

De esta manera, las lunas nombradas por Herschel hijo, fueron Oberón y Titania, descubiertas por su padre, y Ariel y Umbriel, descubiertas por él mismo. Por otro lado, el descubridor de la luna Miranda en 1984, Gerardo Kuiper, la llamó así por dar continuidad a la idea de Juan Herschel.

Las lunas restantes

De las 22 lunas de Uranio aún no mencionadas, se tienen muy pocos detalles hasta la fecha. Sin embargo, se sabe, por ejemplo, que once de estas, fueron descubiertas en 1986 con el paso de la nave Voyager 2; aunque una de estas fue hallada en realidad en 1999, observando las mismas fotografías que habían permitido conseguir las otras diez.

Por último, se tiene registrado que el hallazgo de las finales once lunas, ocurrió en tiempos sucesivos y diferentes, mediante el uso de diversos telescopios terrestres.

Curiosidades de este planeta

Entre las diferentes anécdotas y curiosidades que se pueden desprender de la historia y las características de Urano, estas son las más relevantes:

  • Antes de descubrir Urano, el sustento de la familia de William Herschel, provenía de su faceta de músico, que abandonó definitivamente por la astronomía. Todo gracias a su descubrimiento y por el premio, el sueldo y los honores recibidos de parte del Rey Jorge III de Inglaterra.
  • El símbolo que representa a Urano, se basa en la letra «H» de Herschel, que fue en años anteriores su principal descubridor.
  • Las controversias y posterior falta de apoyo inglés al nombre de Urano, fue atizada por un amigo de Johann Bode, el proponente de dicho nombre. El amigo, llamado Martin Klaproth, perteneciente también a la Academia Francesa de la Ciencia, decidió llamar «uranio» a un elemento químico que acababa de descubrir. Ahora «uranio» impulsaría la energía atómica.
  • Es el único planeta del sistema solar cuyo eje de rotación está totalmente inclinada. Además, parece una gigantesca diana, por la forma vertical en que quedan sus anillos. Con respecto a cómo terminó así, no existe una respuesta concreta todavía.
  • Tal como las obras de teatro inspiradas en sus novelas, Shakespeare entra en escena para inspirar cada uno de los nombres colocados a las lunas uranianas.

El ser humano y Urano

De entre los destinos turísticos espaciales, que los seres humanos pudieran alcanzar en el futuro, es claro que Urano sería uno de los más demandados. Esto se debe, no solo a su impactante color azul celeste, sino también a las incontables maravillas que tiene para mostrar.

En ese sentido,Urano, queeseltercer planeta más grande del sistema solar, es precisamente uno de los menos observados de cerca. Esto se debe a que solo ha sido visitado por la sonda Voyager 2. Ninguna otra de las sondas enviadas por los programas espaciales, ha sido destinada a este planeta. Aun así, los datos e imágenes obtenidas hasta el momento, son impresionantes.

Es por esto, que se ha podido determinar que en este planeta no existen los días con fases de luz y oscuridad como en otros, ya que, por su extraña inclinación, el Sol no sale ni se oculta a diario, sino en ciclos de 24 años terrestres. Esto ocasiona unas características internas bastante variadas; una atmósfera muy dinámica y de elevadas presiones; así como un profundo e insondable océano.

Continuando con la alegoría de los paseos espaciales, y los de turismo extremo, es muy seguro que las lunas de Urano entrarían en el itinerario; en especial Miranda. Su geografía, a pesar de sus bajas temperaturas posee formas y detalles asombrosos. Incluso, algunos con cañones mucho más impresionantes que los encontrados en la geografía terrestre.

En definitiva, ver a Urano puede causar cualquier sensación menos aburrimiento. Es más bien una experiencia irrepetible. De todos modos, queda como siempre de parte de los seres humanos sus ganas interminables de descubrir aún más y disfrutar los nuevos mundos. Este planeta, más que brindar una gran aventura, marca la certeza de que el espacio no tiene límites.


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Javier García García

Javier García García

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